MARIA MENDOZA, FEMINISTA POPULAR
DESDE LA OTRA ESQUINA...
Activa en el Movimiento Feminista Autónomo,
intuye que "todas las mujeres populares en el fondo, somos feministas,
pero lo que pasa es que no tenemos la educación y nos niegan la Historia,
porque el grupo de mujeres que mantiene la sociedad con su trabajo cotidiano,
no está en los libros. Entonces, vivimos ignorándonos".
Vicepresidenta de su Unidad Vecinal en la
Villa O'Higgins, reivindica: "somos cuatro mujeres diversas que día a día
intentamos propuestas comunales".
Se define "dirigenta social, de derechos
humanos y feminista popular. Tres cosas que no transo". Tiene 52 años,
vive con su hija separada, su hijo soltero, una nieta y un marido obrero, que
"se alegra si alguien comenta que su esposa es inteligente". Aspira a
una buena vida, "¡como es el sueño socialista! y para eso, hay que
producir un cambio radical". Dice que el feminismo es "política con
conciencia de género", que cuando se sostiene desde la pobladora, se
integra con "la clase"...
¿Entonces no es "de élite"?
Hay un feminismo que se acomoda a este
sistema, es el institucionalizado, que va a las cumbres, que hace lobbie. Pero
las feministas populares estamos en la otra esquina, porque somos marginadas
por el estado y un gobierno que no ha cumplido sus promesas de oportunidades en
educación, salud, trabajo... Además, porque nos rebelamos por opción, no
queremos enmarcamos en este sistema social.
POPULAR
"Trabajé diecisiete años en una industria
de calzado como aparadora. Ahí conocí la vida de las mujeres explotadas fuera y
dentro de la casa. Llegaban de abortar, las compañeras las sacaban medio
desmayadas de la máquina. ¡Ah!, decían, se puso sonda, se metió perejil, se
tomó un brebaje... porque no podían seguir pariendo, porque cómo iban a
trabajar... También las vi llegar golpeadas por sus maridos. De la pobreza, se
llevaban la peor parte y yo me enrabiaba...
Mucho después, me hice feminista en las
escuelas que ofrecieron mujeres intelectuales. Aprendí a cuestionar la sociedad
desde una postura de mujer. A mi rebeldía le había faltado el género. Descubrí
cosas sentidas que no sabía explicar, como la utilización que los partidos
políticos y la sociedad hacen de las mujeres pobres. Cuando milité, fulano nos
mandaba a campamentos a apoyar en salud, y yo me preguntaba por qué él no
iba...".
MUJERES POLITICAS
"En la población, las mujeres nos
organizamos rápidamente después del golpe. Nos metimos a la parroquia para
encontrarnos. En diciembre, juntamos mercadería para enviar a los presos.
Formamos los primeros comités de base. Hacíamos talleres sobre derechos humanos
y manteníamos una especie de posta ambulante, cada una manejaba un bolso con
implementos de primeros auxilios. En una pieza forrada con frazadas por dentro,
quitábamos balines.
El desaparecimiento, encarcelamiento y
cesantía de los hombres influyó para que muchas nos organizáramos en torno a
esas tragedias. Las compañeras de la Agrupación de Familiares de Detenidos
Desaparecidos se encadenaron al Congreso y muchas apoyamos. Dimos la cara en la
calle y en los campamentos hicimos ollas comunes. Ahí mismo hacíamos
resistencia, surgían grupos de mujeres, bolsas de cesantes, arpilleras de
denuncia, que además servían para llevar plata a la casa... Más o menos en el
83 entré a Acción Femenina, en el MEMCH, y eso, ya era pasar de la
sobrevivencia y la resistencia a la política. En el 86, comenzaron las escuelas
feministas".
A veces se minimiza la participación de las
pobladoras y se realza la "participación obrera"...
Recuerdo cuando debutaron los gurkas y casi
nos mataron. No vi a ningún compañero en la plaza, ni agarrándose, ni acogiendo
a las heridas... No digo que no hayan estado haciendo otra cosa importante,
sólo digo que nosotras no hicimos menos.
No nos pueden reducir a la lucha por los
desaparecidos o los presos, hicimos, hacemos política, porque es nuestra
opción, no como un reflejo de ellos.
OBRERA Y DIRIGENTA SINDICAL
Su historia no comienza con el golpe, a los
dieciocho eligió la escuela sindical, luego fue elegida secretaria y hasta
presidenta de su sindicato. "Era una industria que ya no existe porque el
empresario, como muchos otros, se votó en quiebra y la convirtió en varias
fábricas, para contrarrestar el movimiento sindical".
Estaba empeñada en las reivindicaciones
obreras porque le molestaba profundamente la falta de respeto de los patrones,
"era un trato así como dar un pisotón, el poderoso pasaba sin inmutarse
por encima nuestro. Trabajé desde los catorce, porque en mi casa, con mamá
obrera y separada, no alcanzaba la plata. Cuando yo iba a pasar a tercero, nos
salimos del colegio mi hermano y yo, para trabajar de día y estudiar de noche.
Quería ser profesora de biología, pero el puntaje no me dio para la vespertina,
lo injusto era que sí me alcanzaba para estudiar de día... y ¡quién iba a
trabajar por mí! Me enamoré, me casé, embarazada de mi primera hija, luché por
una sala cuna, la conseguí pero eso me costó el despido".
"¿LA HISTORIA JAMAS CONTADA?"
"Estoy por juicio y castigo... Veo que
todo se transa en este país... las víctimas muertas y las vivas. A mí me
patearon en el suelo los milicos por andar con el pelo suelto y pantalones, mis
moretones pasaron, pero cuando vi a mi vecina, una enfermera, dirigenta
sindical, me dolió el alma... Me daban arcadas mientras la curaba, tenía hoyos
en la piel y le salían gusanos... Cada herida era de un cigarro que le habían
apagado en el cuerpo... ¡No tenemos derecho a olvidar!".
¿LIBERACION FEMENINA?
"No sé de qué liberación me hablan... La
pobladora está sometida a este mercado que nos atonta, que nos hace comprar
champú a crédito. Creemos que la tarjeta nos hace menos pobres y lo terrible es
cuando hay que pagar la letra. La publicidad nos presiona con un modelo único
de mujer, nos angustiamos por cumplir las expectativas de los hombres ¡dietas
eternas!... A las niñitas, en las poblaciones, se las cría como hace cuarenta
años. Cambió el maquillaje, ahora hay equipo de música, pero no hay avances.
Estamos prisioneras de una sociedad que manda sobre nuestros cuerpos, y a las
mujeres pobres además, nos niega ser Sujetos Sociales.
¿Necesitan acceder al poder entonces?
Sí, pero mujeres con conciencia de clase
además de conciencia de género... No es lo mismo ir a las poblaciones que vivir
en las poblaciones. Acá, los allanamientos, la prepotencia policial, la pasta
base, los asaltos, la apatía, están a la orden del día. Hace falta todo, desde
un medidor de agua hasta cambiar los contenidos de la educación.
Somos nosotras las que debemos potenciar
soluciones propias. Pero para lograrlo, primero necesitamos salir de la casa,
porque es afuera donde nos crecen las ideas, asumimos capacidad de diagnóstico
y, por ende, de propuesta, eso, para conseguir por fin el sueño de la buena
vida, del que yo te hablaba, pero desde la misma base.
FUENTE: PUNTADA CON HILO, AÑO 2, Nº 14, DICIEMBRE 1995
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