domingo, 29 de julio de 2012

QUÉ PASARÍA SI LA PUBLICIDAD NOS MOSTRARA DE VERDAD... (1994)

(Foto de la columna original Nº 4, 1994)

NOSOTRAS, LOS SUEÑOS DE ELLOS
x Lorna Harrington

"¿Está contenta porque van a llegar sus hijos?"...
¡Servilletas Tintin la viste de payaso!
"¿Va a llegar su marido?"
¡Las mismas servilletas la 'ponen sexy'!

Cuando la mujer de la tele se da cuenta de que tiene que servir el almuerzo, en bata de casa lava y plancha sus servilletas de género...
"¡No señora, si para eso están las nuevas servilletas Tintin!"...
Ella entonces se siente realizada; ya no tiene que preocuparse por esa parte, porque el fabricante de Tintin comprensivamente creó justo lo que necesitaba para aliviar su rol...
Y si no fuera así ¿usted se sentiría frustrada?

PODER Y 'DEBER'
Los comerciales refuerzan esos roles en los que estamos encasilladas socialmente, en ellos nosotras básicamente somos madres y amas de casa siempre listas para complacer a la familia.
¿Corresponde esto a lo que vivimos? Según los publicistas, para realizar un comercial se recoge parte de la realidad, y parte de los sueños o inconciente humano. La realidad ya la conocemos. Pero, los sueños ¿de quién?, ¿quién es el que sueña con bellas mujeres, amas de casa, 'buenas' madres?
Por una cuestión social y también de mercado, son los sueños de los hombres los que predominan. Los réclames de cremas y champú femeninos, van dirigidos no sólo a la mujer, sino especialmente a su marido. El, por lo general, tiene más dinero, y por ende el PODER de decidir lo que se compra.
"La publicidad es machista en la medida en que la sociedad también lo es", dice Pablo Poduje, publicista. Por eso la oferta de una lavadora o cocina, aparece 'condimentada' con una rubia de vestido corto y ajustado, de cuerpo muy torneado, que evidentemente, apela a la atracción masculina. 
Somos usadas como objetos de venta: bonitas, dinámicas, seductoras, complacientes. Y aunque ahora 'nos den el pase' para dirigir una reunión o moldear una escultura, siempre 'volveremos a casa' para cumplir la labor de madre, esposa y amante.
Moraleja: médicas, abogadas o ejecutivas igual tienen que saber cocinar...
Lo importante, nos está diciendo la publicidad, es que las mujeres DEBEN satisfacer eficientemente todas las necesidades del hombre; la realización personal de ellas (de nosotras) no importa o pasa a segundo plano.

¿Y LOS HOMBRES QUE?
Ellos en televisión son audaces y también seductores, pero su mayor característica es la inteligencia. Cuando aparecen en pantalla es para dar un argumento y no como pasa con las mujeres que se abocan a su belleza y al cuidado de la casa con muy poco que opinar.
"Un cuerpo habla más que mil palabras", dice el publicista entrevistado. Sí, pero un cuerpo de mujer. Por eso ella 'no necesita' explicar inteligentemente para 'convencer' al espectador; basta con sus formas, su mente no importa.
Si de desodorante masculino se trata lo único significativo es que quien use el producto M, estará rodeado de mujeres ávidas... ¿cómo decirlo?... ¿constantemente excitadas?...
El valor de esta especie de 'ente' femenino de la pantalla no tiene nada que ver con el de una persona, sus atributos fundamentales son las medidas y los rasgos 'standard', juventud y potencia sexual dispuesta.

EN SOÑAR NO HAY ENGAÑO
¿Qué pasaría si la publicidad nos mostrara cómo somos, cómo vivimos, cómo nos sentimos? Diversas, capaces, cansadas, organizadas, rabiosas, inteligentes, peleadoras, emprendedoras...
¿Que pasaría si además se proyectaran algunos de nuestros sueños, (no solamente los de los hombres)? El trabajo de la casa compartido, mujeres felices descansando, gordas y flacas gozando una sexualidad activa, el romanticismo de viajar sola y descubrir mundo...
 
Los publicistas dicen que las reglas del juego ya están dadas, que la fórmula del éxito (de ellos) es la que vemos a diario, que eso es lo que vende, lo que quiere el cliente, y lo que mueve al mercado. Se defienden: "para cambiar las reglas tendría que haber un cambio de conciencia general". Nosotras podríamos argumentar que en eso estamos.
                                      

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